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Sunday, 26 de August de 2012

Errores Oficiales, Causa de Accidentes

Los dimes y diretes por la compra del avión para la próxima etapa presidencial, -por seguridad nacional según advirtió la Secretaria de la Defensa- puso a flote la negligencia con que están actuando las autoridades gubernamentales del sector aeronaútico, y ello se apoya en:

Por fallas técnicas o errores en los procedimientos de la tripulación y no por malas decisiones de los controladores de tráfico aéreo, han costado la vida de empresarios y políticos en los últimos años al desplomarse en diferentes tiempos y aparatos en que viajaban, los secretarios de Gobernación, José Francisco Blake Mora, Juan Camilo Mouriño, y el de la Secretaría de Seguridad Pública Federal, Ramón Martín Huerta, así como del zar antidrogas, José Luis Santiago Vasconcelos, y los empresarios Pablo González Sada, Moisés Saba Masri, Juan Armado Hinojosa García y el político Carlos Alberto Madrazo Becerra, los que más impactaron a la sociedad.

La Dirección General de Aeronáutica Civil, dependiente de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT),
señala que los accidentes mortales se debieron a fallas técnicas o errores humanos, descartando por completo sabotaje o terrorismo.

El subsecretario de Comunicaciones y Transportes, Felipe Duarte Olvera,
dijo que durante los últimos 12 años, México tuvo un promedio de 11.1 accidentes de helicópteros por año. En 2011 hubo un total de nueve accidentes de helicópteros, lo que indica que nuestro país, registra 4.5 accidentes de helicópteros por cien mil horas de vuelo, lo cual es plenamente consistente con el estándar internacional, que precisamente se ubica en 4.5.

En tanto, reportes de la empresa Eurocopter, -líder en venta de helicópteros en nuestro país-
la tasa de accidentes de su flota en México durante el periodo 2006-2010, indican que hubo 2.85 accidentes por cada 100 mil horas de vuelo, y este indicador se compara de manera favorable respecto al índice de accidentes de la misma marca Eurocopter en el mundo, en el periodo 2006-2010 de 3.013.

En julio del 2010, la Agencia Federal de Aviación de los Estados Unidos (FAA)
clasificó el sistema de vigilancia de las operaciones aéreas de nuestro país en categoría 2, por considerar que existían graves deficiencias por parte de la autoridad aeronáutica, lo cual implicó que –durante el tiempo que duró esta clasificación- se suspendieron todas las autorizaciones de nuevas rutas y de aeronaves con matrícula mexicana que no hubiesen obtenido antes la aprobación de las autoridades estadounidenses para entrar en su territorio.

Con esta medida, quedó al descubierto que algo muy malo estaba pasando en las entrañas de la administración pública relacionada con la aviación civil.

Así, lo que provocó los accidentes fatales que acabaron con la vida de los tres secretarios de estado
y sus equipos cercanos no fue la edad de las aeronaves, ni siquiera su estado físico, falta de mantenimiento o algo parecido, el problema –en los tres casos- se halla en el interior del sistema y particularmente en la ausencia de intelecto del trabajo que deben hacer las dependencias públicas –como DGAC, Seneam y el AICM, entre otros- así como los recursos de que deberían disponer para pagar a sus trabajadores, darles la capacitación y no sobreexplotar sus jornadas.

Todo ello quedó clarísimo en el reporte del accidente en el que falleció Mouriño en noviembre del 2007,
el cual fue dado a conocer un año después con una celeridad que sorprendió a todos, pero apoyada por las investigaciones que hicieron los técnicos de la Agencia Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) y de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), que encontraron fallas en los procesos, normatividades y el cumplimiento de estándares en diversas dependencias del sector transporte aéreo.

Quedó al descubierto para los extranjeros las enormes debilidades de las autoridades aeronáuticas
de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) y el estado lamentable de la empresa estatal Servicios a la Navegación en el Espacio Aéreo Mexicano (Seneam). El reporte del accidente de Mouriño incluye una serie de recomendaciones para estas dos dependencias, las cuales son una auténtica bofetada para sus jefes: desde una lastimosa falta de presupuesto, hasta negligencia, sobreexplotación de horas extras de los controladores aéreos, estado deplorable de los equipos, falta de procedimientos, licencias otorgadas con criterios laxos, etc.

Muchos funcionarios, incluidos los habitantes de Los Pinos, levantarían las cejas si supieran
lo que ocurre en muchos lugares donde transitan las flamantes aeronaves que los transportan, incluida aquella vez que el TP02 estuvo en trayectoria de colisión.

En resumen: no es cuestión de una aeronave nueva. La aviación mexicana requiere de un espacio aéreo seguro,
con trabajadores bien capacitados, jornadas razonables, equipos de nueva generación compatibles todos entre sí y que la aviación sea segura para todos, en todas las circunstancias, en todos los momentos. Lo contrario es jugar a la ruleta rusa que –ya lo vimos- le puede tocar hasta a los funcionarios de más alto rango.

por Victor Payan - Domingo 26 de agosto

 
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