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Sunday, 29 de April de 2012

¿Usted no Odia a TSA?

La seguridad en los aeropuertos de Estados Unidos tiene problemas. Y si alguien lo sabe, soy yo, que por tres años y medio trabajé como jefe de la Agencia de Seguridad en el Transporte del país (TSA, por sus siglas en inglés).

La agencia es la que lo obliga a quitarse los zapatos antes de pasar por el detector de metales, la que le hace tirar la botella de agua a la basura y aquella cuyos empleados son blanco de quejas de pasajeros que se sienten agredidos por tanta requisa. Si usted es de los que viaja con frecuencia a través de aeropuertos de americanos, seguramente odia a la TSA.

Más de una década después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2011,
es una vergüenza que el sistema de seguridad de los aeropuertos americanos siga siendo endémicamente burocrático y esté tan desconectado de la gente a la que tiene que proteger. La prevención de ataques terroristas en los viajes aéreos exige flexibilidad y la evaluación constante de amenazas. También requiere de un fuerte apoyo de la población, algo que el actual sistema no ha logrado conseguir.

El meollo del asunto, que aprendí en mi servicio desde julio de 2005 hasta enero de 2009,
es el enfoque equivocado hacia el riesgo. En el intento por eliminar todos los riesgos en los vuelos, hemos hecho de los viajes en avión una pesadilla sin fin, creando al tiempo un sistema de seguridad que es precario cuando debe ser ágil.

Cualquier esfuerzo para reestructurar la TSA y la seguridad en los aeropuertos
estadounidenses tiene que empezar con dos principios básicos:

Primero, la misión de la agencia de seguridad aérea es prevenir cualquier ataque
catastrófico en el sistema de transporte, no garantizar que cada uno de los pasajeros llegue ileso de cada viaje. Buena parte de la fricción hoy es el resultado de reglas que son una respuesta directa a los ataques del 11 de septiembre. Pero sencillamente ya no es factible que al asesinato de algunas personas a bordo de un avión termine en el secuestro de la nave completa. Nunca más podrá un terrorista ingresar a la cabina de mando con un simple cortador de papel o cuchillo. Las puertas de las cabinas de mando han sido reforzadas y pasajeros, tripulación y miembros del servicio de vigilancia aéreo intervendrán para evitarlo.

Segundo, el trabajo de la TSA es manejar los riesgos, no aplicar regulaciones.
Los terroristas se adaptan, y nosotros necesitamos adaptarnos también. Las regulaciones siempre están corriendo para no quedarse atrás, porque los terroristas diseñan sus planes alrededor de los vacíos que detectan.

Cada medida del sistema de seguridad tiene una razón de ser.
Exigirles a los viajeros que se quiten los zapatos y prohibirles que lleven líquidos, encendedores y objetos cortopunzantes ofrecen un grado de seguridad. Pero tomadas en conjunto, todas son el reflejo de una agencia que, aunque efectiva para frenar amenazas anticipadas, es demasiado reactiva y siempre termina peleando la última guerra.

La seguridad en los aeropuertos tiene que cambiar.
La relación entre el público y los agentes en los puntos de control se ha vuelto demasiado venenosa. Y la forma en la que usamos a los funcionarios de la TSA es un desperdicio tremendo de los cerebros bien entrenados que podrían estar evaluando el riesgo en lugar de buscar las violaciones a unas reglas de procedimiento.

—Edmund "Kip" Hawley fue administrador de la Agencia de Seguridad en el Transporte de Estados Unidos.

por Victor Payan - Domingo 29 de abril

 


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