En Todos Lados Hay "Vivos"
Madrid- ¿Qué pueden hacer las administraciones públicas con 1.300 millones de euros? Poco si lo que quieren es cancelar parte de la deuda española, pues apenas representan el 0,19% de los 680.000 millones que debe el país.
Aunque, bien administrados, esos millones pueden contribuir, aunque sea de forma modesta, a
conservar el estado del bienestar que la crisis se está comiendo a
bocados. Con 1.300 millones se pueden construir 13 hospitales, pagar
162.000 pensiones mínimas durante un año o mantener la red de 13.500
kilómetros de autopistas españolas durante cinco años.
Nada de esto se hará, sin embargo, con los más de 1.300 millones que la Administración central,
así como las locales y autonómicas, han invertido en los últimos años
en la construcción, remodelación o subvención de aeropuertos que el
tiempo se está encargando de demostrar que carecen de sentido.
Las terminales aéreas de León, Burgos, Logroño, Huesca, Lérida, Salamanca, Castellón,
Ciudad Real, Badajoz, Córdoba, Reus, Albacete y Teruel, de reciente
cuño o remozado, tienen menos de 500.000 viajeros, según AENA. La
referencia no es aleatoria.
Según Germá Bel, experto en infraestructuras, diversos estudios sitúan entre el medio millón
y el millón de pasajeros anuales el mínimo necesario para que un
aeródromo, con una gestión eficiente y unas tarifas adecuadas, alcance
la autosuficiencia. Lejos, muy lejos, quedan los registros de Córdoba
–6.834 viajeros hasta octubre–, Albacete –8.137 pasajeros– o Logroño
–15.341 viajeros–.
Otros, como el de Ciudad Real –privado, aunque el rescate de CCM hace recaer sobre
los contribuyentes su coste– o Huesca, se han quedado sin vuelos
regulares. Y Reus, que superó el millón de pasajeros, se ha quedado sin
vuelos tras cancelar Ryanair sus operaciones regulares porque los 3,5
millones de subvención anual que les pagaba la Generalitat no eran
suficientes.
Las ayudas oficiales han mantenido artificialmente vivos a estos aeródromos.
Entre 2007 y 2011, las administraciones han pagado a las aerolíneas 247
millones para que los usasen, según datos de la Comisión de
Competencia.
ENA ha defendido en diversas ocasiones que muchos de estos aeropuertos contribuyen
a la cohesión social y que el sistema en red permite compensar las
pérdidas de unos con las ganancias de otros, pero lo cierto es que en
aquellos aeródromos en los que no hay operaciones poca cohesión social
puede darse.
Ahora, la pregunta que muchos se hacen es si compensa mantener abiertas
estas instalaciones. La Fundación de Estudios de Economía Aplicada
(Fedea), en su «Observatorio del Transporte Aéreo», hace un listado de
27 aeródromos que, en su opinión, habría que analizar al detalle para
saber si está justificado un saneamiento de su gestión o si, «por el
contrario, la medida óptima incluye el cierre del aeropuerto».
por Victor Payan - Domingo 13 de noviembre
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