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Sunday, 06 de June de 2010

Danny Jordaan y el Mundial 2010

Sin Danny Jordaan no estaría a punto de celebrarse el primer Mundial de fútbol en el continente africano. Jordaan, nacido en 1951, antiguo luchador por la libertad y actual presidente del Comité Organizador del Mundial de Sudáfrica, es un hombre-toro: cuerpo cuadrado, cabeza grande, y al verle andar, aunque sea solo por el pasillo de su despacho en Johannesburgo, uno tiene la sensación de que no habría fuerza capaz de pararle. No camina; arrolla.


Él fue el que se empeñó en 1994, durante el Mundial de Estados Unidos,
en que el evento deportivo más grande del planeta debería celebrarse en Sudáfrica. Con el apoyo entusiasta de un país -el suyo- loco por el fútbol, inició las gestiones formales con la FIFA en 1997, abandonó su escaño parlamentario (como representante del Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela) y se fue a la guerra. Presionó, politiqueó, hizo todo lo necesario en Zúrich, sede de la FIFA, y en medio mundo y casi, casi logró el Mundial de 2006. La decepción sudafricana fue enorme, pero el júbilo también cuando por fin se hizo el anuncio de que en 2010 el Mundial sería suyo. La tarea de Jordaan entonces fue convencer a los escépticos del mundo, y eran muchos, de que Sudáfrica era capaz de cumplir sus promesas a la FIFA y tener todo preparado a tiempo para el primer partido el 11 de junio en el estadio de Soccer City, Johannesburgo, donde Jordaan, al mando de un equipo de 500 personas, tiene su oficina.

Pese a las dudas, expresadas en miles de medios de comunicación, se han completado los estadios, se han construido o reformado varios aeropuertos, se ha mejorado el sistema de transporte público y todo indica que Sudáfrica está preparada para montar la gran fiesta con la que Jordaan ha soñado, y por la que ha sudado, desde 1994, el año en que su otro gran sueño, la liberación de su pueblo tras siglos de opresión racial, se hizo realidad con la llegada al poder de Mandela.

Pregunta. ¿Los medios están prestando a Sudáfrica más atención de la que le prestarían si la Copa del Mundo no fuera inminente. Una impresión que algunos de esos medios han transmitido es que el país sigue siendo una bomba de relojería racial; que la más mínima chispa podría desencadenar una guerra civil? ¿Qué opina usted?

Respuesta. Cuando vi esas reacciones me acordé de lo que vimos en 1994,
cuando se celebraron las primeras elecciones democráticas. La gente decía que ahora que teníamos un gobierno negro iba a desatarse una guerra entre razas, y nunca se materializó. Y si no ocurrió entonces, es muy poco probable que ocurra ahora. No va a suceder.

P. ¿Y Sudáfrica vive un momento político
muy diferente al de hace 16 años?...

R. Sí, por supuesto. Entonces la extrema derecha tenía muchos más recursos
y más capacidad que ahora. Y ahora muchas de esas personas han avanzado y se sienten plenamente parte de este país. Evidentemente, debido a nuestro pasado, siempre que le sucede algo a cualquiera lo explicamos en función de la raza, y ahí está todavía la dificultad.

P. ¿Algunos, incluidos algunos responsables de la FIFA, insisten en que esta Copa del Mundo es un instrumento para unir a la nación?. ¿La nación no está ya unida?

R. Si se fija en lo que ocurre en las calles, si se fija en quién lleva puesta la camiseta
de los Bafana [el apodo de la selección sudafricana], verá que son blancos y negros. Si se fija en quién ondea la bandera desde el coche, son negros y blancos. Ningún sudafricano había llevado nunca la bandera nacional en el coche, y ahora se ven en la parte de atrás, en los retrovisores, en las ventanas, y se observa casi una renovación de ese sentimiento patriótico. Tiene que ver con el fútbol en sí, pero también con cómo nos hemos preparado para el campeonato. Creo que tanto los sudafricanos blancos como los negros están orgullosos de las infraestructuras que hemos construido. Los nuevos aeropuertos, incluido el OR Tambo de Johannesburgo, son de primera categoría, y los estadios también, así que existe esa sensación de orgullo. Este acontecimiento está poniendo una sonrisa en todos los rostros.

P. ¿Entonces es un error decir que esta Copa del Mundo va a unir al país, como hizo la Copa del Mundo de rugby en 1995?

R. En las sociedades, los momentos de más división se producen durante las elecciones. Y nosotros hemos celebrado tres elecciones, todas pacíficas, y los numerosos observadores internacionales han podido confirmar que han sido libres y limpias.

P. ¿Así que incluso en los peores momentos más hubo paz y orden?

R. Sí, sin duda.

P. Las relaciones entre negros y blancos en la calle parecen cordiales. ¿Es ésa su experiencia?

P. Sí. Por supuesto. Tengo un equipo de 500 personas,
negros, blancos, de todo. Tenemos reuniones y, cuando hablan, hablan todos con la misma entrega. No es cuestión de color, es cuestión del compromiso de hacer que el país y el continente estén orgullosos.

P. También ha habido mucha alarma por los altos índices
de criminalidad, por la perspectiva de los peligros que acechan a los aficionados que vengan... ¿Hasta qué punto le preocupa?

P. Mi principal argumento es que hay que tener en cuenta la diferencia
entre la criminalidad social y la seguridad de un gran acontecimiento. Cuando viene un equipo extranjero y sus seguidores, sé dónde se alojan, por dónde pasean, dónde van a estar el día del partido. Y construimos la estructura de seguridad en torno a esos movimientos. En Sudáfrica hemos acogido 147 grandes acontecimientos deportivos desde 1994; la Copa del Mundo de rugby, la Copa del Mundo de críquet, la Premier League india. Fijémonos sólo en 2009: fuimos anfitriones de la Copa Confederaciones, la Premier League india, la gira de rugby de los British and Irish Lions, recibimos al Manchester City, acogimos el torneo Tres Naciones y el Súper 14 de rugby, celebramos otros partidos internacionales de rugby y críquet y tuvimos a la selección inglesa de críquet entre noviembre y enero de este año. Sólo en 2009, y ni un solo incidente. Hubo 35.000 aficionados británicos e irlandeses que disfrutaron y se fueron hablando en términos elogiosos de lo bien que se lo habían pasado.

P. ¿Las pruebas son concluyentes?

R. Están ahí. No tuvimos un solo problema. Y, por cierto, nuestro personal de seguridad trabajó en la Copa del Mundo de 2006 en Alemania. Cuando hubo un grave incidente entre aficionados de Inglaterra y Alemania en la estación de tren de Colonia, fueron nuestros hombres los que se hicieron cargo de la situación.

P. ¿Personal de seguridad sudafricano en Alemania?

R. Sí. Colaboraron con los alemanes. Para prepararse. Y también trabajaron en los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008 y en la fase final de la Eurocopa en Austria y Suiza. El número dos de nuestra policía nacional está al frente de la seguridad del campeonato. André Pruis es probablemente uno de los mejores del mundo. Tiene experiencia. Ha estado en esos tres sitios. Y es curioso, Pruis era también el número dos de la policía en la época del apartheid. Tiene mucha experiencia en cómo actuar ante muchedumbres muy indignadas, los que se manifestaban contra el apartheid. Esa experiencia, lo que aprendió entonces, hace que lo de ahora sea un juego de niños.

P. ¿Y qué me dice de la amenaza del terrorismo internacional? Sudáfrica es famosa por lo poroso de sus fronteras...

R. El otro día me reuní con el embajador estadounidense por la cantidad de compatriotas suyos que van a venir. Se han vendido 192.000 entradas, que quiere decir quizá 50.000 norteamericanos. Me preguntó sobre explosivos, bombas... El país está preparado. Por supuesto, nunca hemos tenido un gran atentado terrorista, así que el 4 y el 5 de marzo celebramos una reunión de seguridad en Zúrich a la que invitamos a los jefes de policía de los 32 países participantes. Estaba el FBI, estaba Interpol. Y después de que les presentáramos nuestro plan de seguridad, todos dijeron que estaban satisfechos, porque aborda todo tipo de amenazas, tanto reales como imaginarias. Así que creo que todo está a punto, pero este mundo está lleno de incertidumbres y debemos permanecer alerta.

P. Usted que está tan involucrado en el fútbol internacional, ¿qué cree que es lo que hace que el fútbol sea la gran religión mundial, el denominador común de la especie?

R. Creo que es su sencillez, su accesibilidad, porque otros deportes... Si uno quiere jugar al críquet, tiene que gastarse dinero, porque necesita un equipo y unos campos especiales; lo mismo pasa con la mayoría de los demás deportes: tenis, natación... Mientras que, con el fútbol, si tiene un poco de plástico, hace una bola con él y puede ponerse a jugar. Y un segundo motivo es que, en este continente, aparte de grandes líderes de la liberación como Mandela, los verdaderos símbolos para el pueblo son las figuras del fútbol. Cuando ven a esos jugadores estrella y cómo se han transformado sus vidas, los jóvenes lo consideran una vía para huir de la pobreza, un generador de esperanza.

P. Y es un gran tema de conversación en todo el mundo, ¿no?

R. Sí. Y crea grandes marcas mundiales; la selección de Brasil,
Manchester United, Real Madrid, algunos de los grandes jugadores. Es un tema de conversación en todo el mundo y todos los países lo juegan. Aunque hay tres grandes mercados en los que todavía tiene que centrarse la FIFA: Estados Unidos, India y China.

P. ¿Las tres grandes naciones paganas?


R. ¡Sí! (sonríe). Ahí es donde deben centrarse,
porque van a ser las principales economías de los próximos 30 o 40 años.

P. ¿Cuál ha sido la mayor dificultad de su trabajo?


R. Al principio, movilizar recursos. Convencer al gobierno para que invirtiera en nuevos aeropuertos y después garantizar que todo se hiciera a tiempo.

P. ¿Ha servido la organización de la Copa Mundial en Sudáfrica
de ejemplo para el gobierno a la hora de afrontar su gran reto, el de dar casa, servicio y trabajo a los pobres?

P. Zapiro (un dibujante local) publicó una caricatura en la que se veía un estadio y, a su lado, chabolas. La gente en las chabolas señalaba el estadio y decía: pueden acabar el estadio pero no pueden acabar nuestras casas...

R.- Lo que hemos aprendido es que los proyectos hay que administrarlos con mano firme, debe haber vigilancia, un control eficaz, porque, si no, no se hace nada. Todo el mundo debe dar cuenta en todo momento. Es preciso acabar en un plazo determinado. El 11 de julio, el árbitro debe salir al campo y soplar el silbato, y el partido tiene que empezar. Y ese partido tiene que transmitirse a través de 400 cadenas a 208 países; eso es lo que importa, de modo que no valen las excusas.

P. ¿Tener un plazo límite ayuda?

R. Sin ninguna duda. Sí. Los gobiernos tienen metas móviles.
Deben aprender a hacer las cosas en un plazo concreto.

P. ¿Qué me dice de la opinión de algunos sectores progresistas, de izquierdas, de que es un escándalo que se gaste tanto dinero en esta tontería del fútbol, en estadios gigantescos, cuando existe tanta pobreza?

R. Mire, yo estaba en Khayelitsha [una barriada pobre a las afueras de Ciudad del Cabo]
cuando llegó el trofeo de la Copa del Mundo, y un periodista británico me hizo esa pregunta, le dije: "No me pregunte a mí, llame a esa gente, a los que viven aquí, y pregúnteles: '¿quieren que se juegue la Copa del Mundo en este país, sí o no?', les preguntó y dijeron que sí, que querían la Copa..." La miseria en Sudáfrica no se va a aliviar con 3.000 millones de dólares (2.507 millones de euros).

P. ¿Eso es lo que ha gastado el país en la Copa del Mundo?

R. En infraestructuras, sí. Con esa cantidad no vamos a cambiar de forma trascendental los modelos sociales y económicos de este país. Y, en segundo lugar, en todos los países hay pobreza, y nadie de fuera tiene derecho a decir que, como no tenemos casas, no debemos tener orquestas, ni obras de Shakespeare, ni Copas del Mundo. Es importante encontrar un equilibrio. No podemos tener una sociedad en la que la gente se limite a trabajar y dormir. Y al construir un estadio para albergar la Copa del Mundo, ¿sabe cuántos jóvenes soñarán cuando vean a Kaka, Ronaldo y Messi aquí?¿Cómo van a soñar con convertirse en los próximos Ronaldos y Mesis? Es acercar esos sueños a sus vidas para que los toquen y los sientan. Al periodista británico que me sugirió que construyéramos más hospitales, le dije que estaba de acuerdo, pero que quería, si conocía a algún chico, que dijera: "un día quiero estar enfermo en ese hospital"; mientras que, si le llevo al estadio y le pregunto si quiere jugar allí un día, ¡no hay más que ver lo que responde! Lo importante es que, como sociedad, es preciso construir monumentos que representen las aspiraciones, la esperanza, y que las aproximen a la realidad.

P. ¿No sólo de pan vive el hombre?

R. No, por supuesto que no.

P. ¿Qué valor tiene la Copa del Mundo para Sudáfrica?


P. Pretendemos obtener cinco cosas. Una es un legado de infraestructuras.
Las infraestructuras son mucho mejores hoy que en 1994. La segunda es que las infraestructuras están unidas a más inversiones, más comercio, más puestos de trabajo. El tercer beneficio es la construcción nacional, la cohesión social. El cuarto es el turismo. Acabamos de enterarnos de que vendrán 15.000 visitantes de México; el promedio de visitantes mexicanos era de 300 al año. Así que pensamos que el turismo va a crecer, desde los 10 millones actuales a unos 15 millones en 2014. Y por último, está la imagen del país. Sudáfrica es una marca. Pero ¿cuál es la esencia de esa marca, cuál es su reputación? Prometimos que íbamos a construir todas las infraestructuras en el plazo fijado; hemos cumplido nuestra palabra. Si la gente no confía en lo que dices, no hace negocios contigo, y nosotros hemos demostrado que somos dignos de confianza. Es un cambio de imagen. Creo que si no hubiera sido por la Copa del Mundo no habría podido suceder ninguna de estas cosas. Vamos a recibir a 400 medios audiovisuales, 15.000 periodistas: ¿qué otra cosa puede organizar un país, aparte de una Copa del Mundo, que haga escribir a 15.000 periodistas a diario durante 30 días?
¿Qué otra cosa? Nada

por Victor Payan - Domingo 06 de junio
 
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